Ella fue mi primera jefa cuando yo solo era una adolescente que buscaba un trabajo de verano para asegurar que podría pagar mis estudios el siguiente curso. Y ella debió de ver algo en mí que ni yo veía cuando me dio esa primera oportunidad laboral.
Y al año siguiente otra.
Y al siguiente otra más.
Sólo fueron tres veranos hasta que yo tuve que seguir adelante y volar. ¡Pero fueron tan importantes para mí!
Con ella aprendí a trabajar de verdad, a aguantar la presión de la hostelería cuando hay que sacar el trabajo y ya está, con ella aprendí a cocinar, y a madurar.
Comprendí lo importante que es responder cuando están depositando en ti su confianza.
Y aprendí que un jefe debe tratarte bien, siempre.
Y observé.
Observé, por primera vez en mi vida, lo que era una emprendedora de verdad, de las de no rendirse, salir adelante y pelear.
Con ella crecí, y aprendí tanto que no hay palabras de agradecimiento que lo puedan explicar.
Han pasado más de 20 años y aquí seguimos, en ciudades diferentes y cada una con su vida y con sus rutinas pero aquí está ella, dándome una nueva oportunidad:
En está ocasión en estos mercadillos que hacemos en su casa, en el Café Covadonga de Gijón. Allí estaré con mi exposición de artesanía en azabache.
Además, Isa y yo vamos a regalar un pequeño taller a l@s más peques de la casa, para que disfruten y trabajen con sus manos, desarrollando su creatividad, mientras los mayores toman algo tranquilamente. Para que todo el mundo esté a gusto, porque «en casa de Isa como en casa».
Con todo mi cariño
Ari
🌈✨💜
Texto de diciembre de 2025
que tenía que estar aquí,
por ella y por mí.


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