La Madriguera de Tania

Querida Tania, me apetecía escribirte algo tan bonito que no fui capaz de hacerlo.

Me senté ante el teclado varias veces y las palabras no salían; probé en email, probé en la libreta, tirada en el suelo —como digo a mis niños—, al aire libre… hasta que entendí que todo era poco para expresar cómo me hizo sentir conocerte:

Era un frío domingo de diciembre. La capilla de Grao aún no había entrado en calor aquella mañana de invierno. Allí estábamos colocando nuestros puestos y, cuando ya todo estaba listo, fuiste a darte un paseo. Llegaste a mi puesto con una sonrisa gigante y energía a rebosar. Fuiste la primera en probar mi juego del día: abrir mi caja fuerte de la infancia, que tenía una cigua dentro; quien lograra abrirla, la ganaba. Y me quedé aún más fría cuando casi lo consigues a la primera; te diste cuenta de mi cara y nos reímos.

Pasó el día entre buena compañía y risas y me encargaste una cigua: ¡mi primera venta del día! Al final de la jornada habías alegrado tanto a todos los que estábamos allí que me pareció que merecías una segunda oportunidad con la caja fuerte. ¡Y lo conseguiste! ¡Qué alegría nos llevamos!

Ha pasado más de un año y me presta tanto vértela puesta en los vídeos que haces. Que la uses y te acompañe me llena de alegría, me confirma que nadie la merecía más.

Hemos ido manteniendo el contacto a trompicones, apoyándonos en la distancia, de lejos cuando había algo importante, y es que cuando encuentras a alguien a quien se le nota que es buena de verdad, es bonito estar, aunque sea de lejos.

Este año, cuando nos volvimos a ver y te propuse el taller de azabache, fuiste tan genuina, tan auténtica… 

—¡¡Es todo un honor que me elijas!!— me dijiste, sorprendida y con una sonrisa gigante. 

Y yo me reí porque el honor era mío al ver que reaccionabas así de sincera, así de feliz. Me confirmó una vez más que personas así son las que yo quiero en mi vida.

La experiencia del taller fue mejor aún. Aunque yo ya sabía que iba a ser así. Lo que no sospechaba es que aprendería tanto de ti en apenas unas horas… Y fue así por tu insistencia en compartir lo que tú ya sabías y yo no. Lo que te daba la experiencia (que tanto cuesta ganar), me lo ponías en bandeja, como una buena compañera… Qué privilegiada me sentí, qué agradecida me siento.

Porque ¿sabes qué pasa?

Que las personas adultas, en muchas ocasiones, son grises y ambiguas, y a mí me cuesta tanto entenderlas; pero tú eres natural, abierta, desinteresada, risueña, y se nota que realmente quieres ser feliz.

Porque, con los años, he descubierto que no todo el mundo pone auténtica intención en ser feliz, y tú lo haces. Siguiendo adelante a pesar de las heridas (que todas tenemos), viendo el lado bonito de la vida… Eso es una elección consciente, nunca un accidente.

Y hoy te despides de esta bonita etapa, pero estoy tan convencida de que van a venir otras mejores. Donde la estabilidad te acompañe y el esfuerzo sea recompensado con creces, donde la magia que tú has puesto en tu Madriguera y en las personitas que has acompañado va a volver a ti multiplicada y brillante.

Estoy convencida: esto va a salir bien, querida Tania.

Un honor que mi azabache te acompañe en este nuevo camino que emprendes, un honor haber formado una pequeña parte de esta bonita etapa de tu historia. Yo, y tantas personas más, en las que vas dejando tu amable huella.

Y colorín colorado,
esto sólo ha comenzado
y cerrando un recorrido
se abren otros más iluminados.

Con todo mi cariño y mejores deseos

Ariana Tijerín de Aritíval 

P.D.: Mención especial a Jacqueline de @latidoperinatal que me involucró en esta bonita iniciativa, y con cuatro palabras mágicas me quitó mi bloqueo y me animó a volar (se ve que estás muy bien acompañada, bonita Tania, ya sabes que atraemos lo que emitimos💜).

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